Descendientes de panacas reales y defensores de antiguas tradiciones cusqueñas, los novios Denisse Huamantica y Joseph Chillitupa anuncian una boda que dará que hablar en el viejo corazón del Tahuantinsuyo.
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Redacción NCM
Lun, 02/03/2020 - 12:15
Los novios posan en uno de los ambientes del convento de San Francisco de Asís.
Los novios posan en uno de los ambientes del convento de San Francisco de Asís. (Boda real en el ombligo del mundo Cusco)

Denisse y Joseph se conocieron el 2010 durante la campaña electoral de la Universidad Andina del Cusco. Ella postulaba a la Asamblea Universitaria como estudiante de Economía. Él aspiraba al Consejo Universitario por la facultad de Derecho y Ciencias Políticas.


Ambos reconocen que hubo un click que se transformó en verdadero interés cuando se presentaron:

Ella: Denisse Gloria Huamantica Peña.


Él: Joseph Christian Chillitupa Montúfar.

Ahora pueden afirmar que no solo fue amor a primera vista. Fue un flechazo, como los que recibió San Sebastián, y que se reforzó cuando se reconocieron descendientes de destacados dirigentes populares cusqueños y de panacas reales incas que se han conservado en Cusco desde hace 400 años.

En sus diez años de romance, los novios compartieron estudios universitarios en EEUU y España, participaron como carguyoc o mayordomos en las fiestas patronales de Cusco, San Sebastián y Pisac.


“Con la boda no solo queremos concretar la unión de dos personas que se aman, también ensalzar las costumbres y las tradiciones de dos cusqueños que quieren revalorar su cultura. Queremos ser un ejemplo para muchos jóvenes que están en la búsqueda de mantener su cultura viva y de su propia identidad”, nos dice la novia.

Ella es hija de doña Gloria Peña Chalco y del periodista cusqueño Edgar Huamantica Amau, descendiente de Vicente Amau, vigésimo tercero alférez real de los incas. Entre sus antepasados también figura el destacado sindicalista y dirigente del Partido Comunista Peruano, Emiliano Huamantica, cuyos funerales en Cusco son comparados con el “entierro de un inca”, según testimonios que se pueden leer en el libro biográfico escrito por Cricia Ochoa Humantica.

Por su parte, el novio enfatiza que la ceremonia nupcial “está ligada al resguardo y custodia de costumbres que se practicaban y se siguen practicando en nuestras familias. No es una boda temática, es una boda cusqueña, ni inca ni española, que resume las costumbres mestizas de nuestras familias”.


Él es hijo de doña Cristina Montúfar García –descendiente del segundo Marqués de Selva Alegre, don Juan Pío Montúfar y del destacado abogado cusqueño José Chillitupa Dávalos, exdirigente del Partido Comunista Patria Roja e integrante de la hermandad del Taitacha Señor de los Temblores, patrón jurado de Cusco. Entre sus antepasados figuran los alféreces reales del inca Blas Pumaguallpa Chillitupa (1795) y Francisco Chillitupa (1812).

UN POCO DE HISTORIA

Los estudios históricos y genealógicos de los descendientes de las panacas reales incas se han incrementado en los últimos años. Resalta, entre ellos, el reciente libro El estandarte real y la mascapaycha, del historiador cusqueño Donato Amado Gonzales y las ultimas investigaciones de genealogía inca de Ronald Elward.


Ahora sabemos que todo empezó cuando la corona española (Casa de Austria) reconoció el grado de nobleza de los descendientes incas y los integró como descendientes del Hurin y Hanan Cusco. Años después, durante el Gobierno del virrey Francisco de Toledo, los descendientes se integraron al cabildo de los veinticuatro electores del alférez real inca y las ocho parroquias de la ciudad de Cusco: San Blas de Tococachi, San Cristóbal de Colcampata, Santa Ana de Carmenca, Nuestra Señora de Visitación del Hospital, Nuestro Señor de Santiago, Belén Cayaocachi, San Sebastián de Collcapampa y San Jerónimo de Sorama. Estas parroquias subsisten hasta la fecha, convertidas en distritos y barrios de la Ciudad Ombligo.

La institución del cabildo no fue decorativa. El alférez real electo se convirtió en un cargo de mucho prestigio que, además, desfilaba en las grandes celebraciones y procesiones con atuendo de inca y coronado con la mascapaycha. Fue un espacio para la defensa de la identidad y la generación de una élite indígena bien educada, próspera, y con influencia hasta en España.

Sin embargo, a lo largo de los años hubo dos puntos de quiebre. La epidemia de 1720, que acabó con la mayoría de los integrantes del cabildo, y luego la asunción de los Borbones como casa de la corona española. Cuando las nuevas autoridades llegaron a Cusco, no respetaron los privilegios y el prestigio de los descendientes incas, provocando querellas judiciales que llegaron hasta la metrópoli española. Otro punto de quiebre fue la rebelión de José Gabriel Condorcanqui, Túpac Amaru II, que enfrentó a sus descendientes y a la familia Betancourt porque ambos grupos reclamaban el marquesado de Oropeza y afirmaban ser parte del linaje de Túpac Amaru I. Finalmente, el tiro de gracia lo dio el dictador Simón Bolívar, quien abolió el cabildo y suprimió los títulos de nobleza inca.

En una reciente entrevista publicada en Domingo, el doctor Luis Guillermo Lumbreras reveló el retroceso histórico que significó la constitución de Bolívar, que arrasó con la burguesía serrana de los curacas, en beneficio de la burguesía costeña. Lo cierto es que en Cusco, los descendientes de las panacas reales incas formaron una nobleza coherente, cultivada y próspera que fue condenada al ostracismo durante el proceso independentista.

Durante la etapa republicana muchas de estas familias conservaron su unidad y prestigio en el barrio cusqueño de San Sebastián, donde los trabajos de genealogía inca realizados por Ronald Elward (quien tiene en imprenta un nuevo libro sobre el tema) revelaron que muchos descendientes de las panacas reales mantuvieron cierto prestigio al ser elegidos como alcaldes y regidores en San Sebastián.

BODA REAL

Durante el Virreinato, las autoridades de los descendientes incas desfilaban en las magnas fiestas dedicadas a Santiago Apóstol y en las procesiones del Corpus Christi. Hoy en día, esta tradición se conserva en el distrito cusqueño de San Sebastián.

“Desde que tengo uso de memoria, somos muy devotos del patrón san Sebastián”, dice Denisse Huamantica. “Para mí el 20 de enero (día de San Sebastián) era como la Navidad, así estuviera en Lima iba al templo de la avenida Abancay, donde está el patrón San Sebastián, y acompañábamos la procesión. En Cusco éramos alferados, teníamos que estar ahí desde el 19 de enero. Para la fiesta de San Sebastián, para recibir el cargo mayor, el mayordomo tiene que estar casado y pertenecer a una de estas panacas reales”.

Por su parte, Joseph Chillitupa, el novio, reconoce que su familia es “por tradición” fiel del Taitacha Señor de los Temblores.

La ceremonia será en el templo San Francisco de Asís. “Además del intercambio de aros agregaremos el intercambio de las arras, que son trece monedas (doce de plata y una de cobre o de oro), las que son bendecidas por el padre y entregadas a los novios. Así se produce el traspaso de todo lo que es la prosperidad y felicidad para el matrimonio”. “Es una tradición española que se sincretizó, explica la novia, cada arra representa un mes del año y la decimotercera arra se comparte con Dios en la tradición española. Pero en la cosmovisión inca, esa decimotercera arra se comparte con la colectividad, es el ayni. Nosotros vamos a conmemorar lo segundo, desde una perspectiva mestiza, cusqueña”, enfatiza. A la recepción de la boda real asistirán 500 invitados.

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